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¿Qué copa elegir para cada vino?
21 Septiembre, 2018

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La elección de la copa que acompañe al vino es un elemento esencial a la hora de organizar una cata o una cena en casa. Por eso hoy queremos contaros cuáles son las principales características y elementos de una copa de vino y cómo influyen estos en sus cualidades organolépticas, para que podáis realizar la mejor elección y convertiros en el #PerfectoAnfitrion.

El material

Los elementos de la copa que más influyen en la cata son la finura, la transparencia y la forma del cristal.

Una copa de vino debe ser de cristal o vidrio fino, nunca de plástico o metal. Además, tiene que ser incolora y transparente para que además de los aromas y sabores pueda percibirse correctamente el color del vino.

Las partes

El cuerpo es la parte principal de la copa y donde se deposita el vino. Para que resulte agradable al tacto con los labios sus paredes son de un grosor fino, de alrededor de un milímetro.

El pie o base debe ser lo suficientemente ancho para que no se caiga y la copa se mantenga firme y estable en la mesa.

El objetivo del tallo es que nuestras manos no entren en contacto con las paredes del cuerpo, ya que calentarían el vino. Lo ideal es que sea alargado y delgado.

Una copa para cada vino

Las copas de vino tinto son de mayor tamaño que el resto, con la capacidad suficiente para que podamos mover el vino con comodidad y se oxigene correctamente.

En el caso del vino blanco la copa es más pequeña y la abertura algo más abierta para conservar la temperatura. Este tipo de copa también es aconsejable para servir vinos rosados o incluso tintos jóvenes.

Los dos tipos de copas más conocidos son la Burdeos y la Borgoña. Las llamadas de tipo Burdeos están recomendadas para vinos potentes y ricos en taninos. Es probablemente la copa más utilizada por su versatilidad. Suelen tener un buen diámetro y mucho volumen para que el vino pueda oxigenarse bien y con ello percibir el potencial aromático en toda su plenitud. Son copas altas, pero no muy cerradas en la boca para no percibir demasiado el posible alcohol del vino. En este tipo de copas, y debido a su forma alta y bastante esbelta, se combinan muy bien los aromas con la tanicidad y acidez.

Las copas tipo Borgoña tienen mucho más diámetro, boca más ancha y balón más voluminoso. Comparada con la de tipo Burdeos, su mayor superficie ayuda a expresar mejor los aromas más delicados y sutiles del vino. Algunas tienen una ligera curvatura en su parte superior, lo que acentúa la carga frutal del vino y suaviza ligeramente los efectos de acidez. Este tipo de copas suele recomendarse para tintos elegantes, aterciopelados, muy aromáticos y voluptuosos. Y, muy especialmente, para blancos con madera.

Los vinos espumosos se suelen servir en las llamadas copas “tipo flauta”, que se distinguen por su tallo largo y un cuerpo fino y estilizado, donde la burbuja del carbónico se va expresar mejor. Para cavas o champagnes muy viejos y especiales a veces se utiliza una copa similar a la Burdeos, pero un poco más pequeña.

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